Acerca de la República de Platón

La república es una colección de diez libros que constituyen un compendio de la filosofía de Platón, su teoría sobre la naturaleza de lo que existe, y también sus doctrinas acerca de cómo debería organizarse la sociedad. La República fue el primer gran tratado de filosofía política de la historia de la humanidad.

La república fue leída ampliamente en el mundo romano. Siguió siendo un referente durante la Edad Media y el Renacimiento. Fue cayendo en el olvido después del siglo XVI, hasta que en el siglo XIX fue redescubierta por la traducción del griego al inglés de Benjamin Jowett. Con los acontecimientos sociales y políticos del siglo XX, La república volvió a recuperar su lugar como texto clásico de la filosofía política. Se continua leyendo hoy por el hecho de que los debates filosóficos jamás pierden actualidad.

Platón expone en La república cuál sería el gobierno ideal para las ciudades-Estado, y da cuenta de aspectos tales como la educación que deberían recibir estos ciudadanos, la participación que tendrían en los asuntos de la ciudad, entre otros, proponiendo cosas como, por ejemplo, la expulsión de la ciudad de los indeseables, el veto a los poetas, la limitación a la propiedad privada, que las mujeres sean ‘comunes’ y tengan un rol más activo en su ciudad, asignándoseles tareas en las que gozarían de cierta equidad respecto de los hombres.

Resumen de los temas en La República

En el libro I de La república se trata el tema del gobierno ideal. A este tópico se llega a partir de la pregunta: ¿qué es la justicia? Sócrates, personaje principal del diálogo, interroga a Céfalo, anciano respetable, sobre la felicidad que acompaña sus últimos días. Céfalo le responde que habiendo tenido una vida justa y pía, no teme a la muerte y puede considerarse feliz. Sócrates entonces pide a Céfalo que precise si la justicia es dar a cada uno lo que le corresponde. El objetivo entonces que se persigue en el libro I de La república es explicar por qué es mejor ser justo antes que injusto. Sócrates es defensor de la tesis según la cual es preferible sufrir injusticia, antes que cometerla. Trasímaco defiende la tesis contraria: la justicia es simplemente el derecho del más fuerte y por ello es mejor, siempre que se pueda, ser injusto para sacar provecho. Concluyen Sócrates y sus interlocutores que para poder explicar satisfactoriamente por qué es preferible ser justo, y por qué esta preferencia conduce a una vida feliz, es necesario precisar antes qué es la justicia.

En el libro II, Sócrates y compañía deciden distinguir la justicia de los posibles beneficios que comporta el ser justo (honores, recompensas, buena fama, entre otros). Sócrates resalta que la justicia es una cualidad que también puede predicarse de las polis, y si se descubre cómo llega una polis a ser justa o injusta. Podrá descubrirse asimismo cómo los hombres son justos o injustos, y se tendrá una definición consistente de lo que es la justicia. La discusión sobre la disposición de un ser humano para ejercer la virtud de la justicia y abstenerse de practicar la injusticia es lo que lleva a postular una analogía entre el alma de los hombres y la ciudad. De esta forma, Platón expone por boca de Sócrates en los libros II, III y IV cómo sería esta ciudad ideal, el perfil de sus ciudadanos y la educación que sería recomendable recibieran. La educación ideal tendría que ser básicamente gimnasia, música y filosofía. Esta sería solo para aquellos cuya naturaleza se muestre como la mejor, pues además tendrán la responsabilidad de gobernar la ciudad. De ahí surge el mito del rey – filósofo. La poesía, importante elemento pedagógico para los griegos, no es recomendable para Platón ya que en ella se resaltan comportamientos inmorales e inapropiados por parte de los dioses,. Por esta razón Platón expulsa de su ciudad ideal a los poetas y elimina la poesía de su plan para la república.

En los libros V, VI y VII se expone que el hombre justo es también un hombre bueno y esta bondad debe estar fundada en el conocimiento, así que se hace una investigación sobre qué es el conocimiento. En estos libros se encuentran algunas de las más famosas analogías platónicas, como la analogía de la línea (libro VI), y el mito de la caverna (libro VII). En la primera analogía se resalta que el verdadero conocimiento es aquel que nos permite conocer lo inmutable, lo verdadero, que es aquello que no es conocimiento sensorial. El mito de la caverna, por su parte, puede leerse como un refuerzo de esta tesis y también como una metáfora acerca de la educación humana. En este relato expone Platón que somos como los cautivos de la caverna; si salimos de la caverna, comenzaremos realmente a conocer el mundo, a cultivar la razón, y hay además la obligación moral de retornar a la caverna para instruir a los demás.

En los libros VIII y IX se expone con argumentos más precisos por qué es preferible ser justo antes que injusto. En el libro X se retoma el tema del veto a los poetas y se habla de la inmortalidad del alma. Quien ha cuidado y cultivado lo más preciado que tiene, su propia alma, es un buen hombre y un buen ciudadano; el cuidado del alma, o cuidado de sí, es un ejercicio que nos permite conservar ese elemento divino que habita en los seres humanos y ser felices, según Platón. De este modo termina La república.

Personajes en la obra

En la obra participan personajes de la vida real, que fueron contemporáneos de Platón;

Sócrates: (470-399 a.C.) es el personaje principal. Fue maestro de Platón y creador del método denominado mayéutica (o arte de “alumbrar” los espíritus) por el que lograba que sus interlocutores descubrieran la verdad a partir de ellos mismos.

Céfalo: fue hijo de Lisanias y actual padre de Lisias, Polemarco y Eutidemo. Céfalo es un hombre de edad que se dedica al comercio y tiene un muy buen pasar económico. Interviene solamente en el Libro I elogiando la ancianidad e introduciendo la concepción comercial de justicia. Céfalo muere probablemente en el 429 a. de C.

Eutidemo: poco se conoce sobre el tercer hijo de Céfalo, quien no debe ser confundido con Eutidemo, hijo de Diocles (fiel admirador de Sócrates).

Polemarco: aficionado a la filosofía y a la política. Recibió muerte por defender los ideales de la democracia bajo el gobierno de los Treinta Tiranos (donde Platón tenia familiares en el poder). Su participación es visible en el Libro I donde introduce la idea de justicia de los poetas como Simónides: . También se la puede catalogar como una concepción de la justicia en tiempos de guerra.

Lisias: (459-380 a. de C.), orador nacido en Atenas. A la edad de 15 años decidió estudiar retórica. En el año 404 a. de C., los Treinta Tiranos que entonces controlaban la ciudad privaron a Lisias y a su hermano Polemarco de todas sus posesiones. Cuando mataron a Polemarco, Lisias huyó a una población vecina. Regresó a Atenas en el año 403 a. de C., tras la derrota de los Treinta Tiranos y el restablecimiento del gobierno democrático. Emprendió entonces acciones legales contra el responsable de la muerte de su hermano. Lisias se ganó la vida escribiendo discursos para los litigantes y continuó con los negocios de su padre.

Trasímaco: Sofista y orador. Lo político y lo moral solo le preocupaba incidentalmente. Este pensador poseía múltiples cualidades y tenía conocimientos muy firmes. Trasímaco interviene en el Libro I alegando que la justicia es y entabla una analogía entre el hombre justo (que siempre le va mal) y el hombre injusto (que saca provecho de la situación), agregando que los que reprochan la justicia no lo hacen por miedo de cometerla, sino por temor a sufrirla. Junto a él aparecen dos de sus admiradores:

Carmántides: discípulo de Sócrates e hijo de Queréstrato. Participó de la batalla de las Targelías en el 400 a.de C.

Clitofonte: discípulo crítico de Sócrates e hijo de Aristómino. Era partidario de la oligarquía moderada, actuando en los acontecimientos del 411 a. de C. con el establecimiento del gobierno de los Cuatrocientos.

Caratula del libro La República de PLatón

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