Mito de Er

El Mito de Er, se encuentra al final de La República en el Libro X. En este el guerrero de Panfilia llamado Er narra los sucesos que le acontecen al alma en el más allá.

Diez días después de una batalla, al recoger los cadáveres para cumplir con los ritos funerarios, el de Er no mostraba los naturales signos de corrupción. Cuando yacía sobre su pira, volvió a la vida relatando lo visto en el otro mundo. Su alma había abandonado su cuerpo y junto a otras se había dirigido a un lugar donde habían dos aberturas en la tierra y dos en el cielo. 

En medio de aberturas, tres jueces pronunciaban las sentencias correspondientes a cada alma. Los justos se dirigían hacia la abertura derecha del cielo con una inscripción en el pecho que declaraba sus méritos. Los injustos descendían por la abertura izquierda de la tierra con sus acciones inscriptas en la espalda.

Pero por el otro orificio de la tierra salían los que ya habían purgado sus castigos, llenos de polvo y podredumbre; y aquellos que trataban de salir, sin haber cumplido su condena aún, eran rechazados y maltratados por los guardias. 

Por el segundo orificio del cielo bajaban quienes ya habían cumplido su tiempo en él, con el cansado aspecto de los viajeros pero con signos de haber gozado de los bienes y del éxtasis celestial. 

 Todos juntos se reencontraban en una pradera y relataban lo vivido en esos mil largos años de viaje. Los relatos más terribles correspondían a los del inframundo pues contaban los males padecidos y los que vieron padecer a otros.,

Las Moiras. Son la personificación del Destino. Hijas de Zeus y Temis. Con el paso de los años se convirtió en una divinidad femenina. Su carácter es totalmente impersonal e inflexible como la concepción que se tenía del Destino. Se conocen las tres Moiras: Átropo, Cloto y Láquesis. Su función es controlar la vida de cada mortal, durante toda su existencia, con ayuda de un hilo que la primera hilaba, la segunda enrollaba, y la tercera cortaba cuando llegaba el final de esa existencia.

Bajo una luz brillante se encontraban la diosa Necesidad y las tres Moiras: Láquesis, que canta las cosas pasadas, Cloto, que canta las presentes y Átropos, que canta las futuras. Allí se repartían en suerte los turnos para elegir nuevas vidas, y si bien eran más las vidas que los vivientes, quien elegía último corría con desventaja. Las vidas a elegir eran variadas, de tiranos, de animales, de héroes, de personas comunes, etc.

Pero ¿qué vida elegir?. Un mensajero advertía sobre el peligro de una mala elección; la virtud podía ser poseída en mayor o menor grado según se la aprecie o desdeñe. Quienes elegían con más cuidado, habían padecido el mundo subterráneo, en cambio quienes gozaron de los placeres del cielo lo hacían despreocupadamente. Las mejores vidas eran las que conducían al alma a ser más justa y las peores las que conducían al alma a cometer mayores injusticias. Odiseo es quien elige último, el astuto héroe, retiene para sí la existencia de un hombre común. Finalmente todos tomaban agua del Leteo, y eran arrojados a la existencia mortal.

Entonces el Mito de Er es lo que armoniza toda la argumentación sostenida a lo largo de la República sobre el valor de la justicia en la vida, reforzando el argumento con lo que ocurre al alma después de la muerte

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